Esa madrugada rompió con la monotonía de todas las demás. No era una sensación extraña sino un momento esperado.
en esa situación, lo primero que pasó por la cabeza fue encender el aire acondicionado que no calmó la adrenalina ni la energía que, a esa hora, jamás se había manifestado de ese modo, pero sirvió de ayuda para mantener el clima como estaba. 15 de enero, en América del sur es verano...no por nada hacía calor.No por nada ese calor se hacía sentir sobre la piel y no por nada, la temperatura de la sangre iba en ascenso. Un tierno temor de toda la vida, se olvidó del miedo y la curiosidad convertida en acierto empezó a hacerse escuchar. Y aunque muda, solamente hicieron falta cuatro oídos para notarla. Amanecía lentamente con dulzura; era un tiempo acompañado de caricias. Un tiempo que parecía no pasar porque la respiración no permitía pensarlo; sentir fue primordial y se sintió.
Una cabeza no entendía otra explicación certera; muchas preguntas tuvieron respuesta y así se empezó a creer. Creer fue indispensable para hacer único el instante.Así fue.
El sol molestó a los ojos por la ventana; el despertador a los oídos. Aquel brazo que rodeaba la cintura, se despegó de ésta y se escuchó un beso de buenos días...de despedida. Tuvo sentido el sueño que cerró los ojos después.
Tiene sentido la sonrisa que recuerda ese momento.
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